A los compañeros del tren especial que es nuestra vida

viernes, 3 de enero de 2020

En este preciso instante...












Estos días de Invierno, tan extraños, porque no llueve, el cielo está precioso, totalmente azul, sin nubes, y aunque hace algo de pelete, frío, es agradable, pues te hace sentir vivo, claro que si has montado la ´COLADA ´o la lavadora y no tienes un patio donde colgar la ropa al sol, te tendrás que armar de paciencia y esperar que la ropa de cama y las toallas se lleven más de un día para secarse, pero en fin, todo es superable, si no que me lo digan a mi, que soy una veterana de mil guerras... jajajajaj

Cuando agarro un cuaderno, donde suelo anotar las ideas que bullen en esta cabeza mía, tan imaginativa, y leo lo escrito hace algunos meses y que no compartí con ustedes, por diferentes razones, pues quizás perdieron su ocasión, y han pasado al baúl de los recuerdos o experiencias, me doy cuenta de lo maravilloso que es vivir, de lo impresionante que es nuestra naturaleza humana y de esa alma tan especial que nos habita, que nos cuida, sin darnos apenas cuenta y que nos protege de males absurdos e incongruentes. Sé que algunos habrán hecho un gesto de desacuerdo, pero si somos honestos con nosotros mismos, nos daremos cuenta, de que a pesar de las peores circunstancias que hayan podido sufrir en un momento dado, si están leyendo estas líneas, quiere decir que están vivos, que cualesquiera hayan sido las circunstancias, estas pasaron o se hicieron llevaderas y en el mejor de los casos, ya ni siquiera existen en este presente de esta mañana de enero en que ustedes y yo nos conectamos...

Todo en la vida pasa, como las aguas de un río, que nunca vuelven a cruzar la misma superficie, ella corre libre laderas abajo, hasta llegar al mar, después de atravesar diferentes cauces, de incluso ser absorbida por la tierra y depositada en acuíferos subterráneos y de seguir por galerías infinitas hasta llegar al mar, al lago o al río, que indefectiblemente la llevará a formar parte de ese todo que es el océano, sin importar el nombre o latitud de este. Así nos pasa a nosotros, al final, no somos seres aislados, formamos parte de un todo que es la humanidad, y nuestro pequeño grano de arena es significativo y necesario, aunque en nuestra humildad no lo consideremos así, pero cuando nuestro tiempo pase, y volvamos a la fuente infinita de donde venimos, nos daremos cuenta del grado de influencia, de los valores y ejemplos que compartimos y de aquello que enseñamos, aún sin saberlo...

Yo suelo decir que siempre hay que portarse bien, sin importar con quien y a quien, lo realmente importante es que al hacer algo, por insignificante que sea, este acto venga del corazón, desde una mirada de agradecimiento, una sonrisa, una caricia o una obra, cualquier detalle aunque pequeño, puede significar un  mundo para aquel que lo recibe, como el agua cuando cae en la tierra seca y esta lo absorbe con rapidez para evitar que se pierda el preciado líquido que significa todo para esas plantas, o animales que la necesitan...

Solemos dar por sentado muchas cosas en la vida, y creemos natural ciertos comportamientos y actitudes que tenemos, que realizamos o que forman parte de nuestro diario accionar, sin embargo, hay cientos de miles de personas que darían lo que no tienen por haber tenido, aunque sea un instante, algo de eso que nosotros ni siquiera apreciamos en su justo valor, no por desdeñosos, no, simplemente porque para nosotros es cotidiano, natural, normal. Sin percatarnos de que somos en verdad unos privilegiados...

Puede que creamos que aquel que posee esto y aquello, que tiene un auto de ultima generación, que usa ropa de marca y que posee X cantidad de dinero, lo tiene todo, y nos equivocamos de plano a plano, a lo largo de mi vida he conocido gente de todos los niveles socio económicos y culturales, y me he sorprendido cuando he descubierto, que aquellos a quienes consideraba felices, no lo eran, y otros en cambio, sin apenas nada, lo eran a raudales... 

Creo que al final depende del cristal con que observes la vida, si lo miras desde la gratitud por cada amanecer compartido, por cada sonrisa generada de manera espontánea, por la complicidad entre amigos, hermanos, padres, pareja... Por el simple hecho de contar con alguien a quien amar y ser amado, con quien compartir el día a día, siempre con alegría y entusiasmo... Tener sueños, metas, reír y poder mirar hacia el horizonte sin final...

Somos privilegiados y no nos damos cuenta...

Dios mío, hoy más que nunca te agradezco por esta vida, por la gente hermosa que conozco, por mis padres, mi pareja que está en el Cielo, por mis hijos adorados, por mis nietos, por mi yerno, por aquellos hijos y nietos que mi corazón de madre ha adoptado de corazón, por mis compañeros de trabajo y estudio, por la confianza que ponen en mí mis clientes, por cada persona con la que comparto un simple Buenos días, y una sonrisa, Gracias, Gracias, Gracias...

Dios nos bendiga amigos lectores y Feliz fin de semana...


Mireya Pérez




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