A los compañeros del tren especial que es nuestra vida

sábado, 5 de abril de 2014

El Derecho a soñar...nos mantienen vivos.




A veces en la vida, por las circunstancias que sean, pareciera que el soñar con una vida mejor, no lujos, sino simplemente con ascender un tramo de la escalera de la vida, que pareciera que está muy alto, y como  a los ratoncitos de Cenicienta de Walt Disney, se nos hacen cuesta arriba y casi imposibles, pero de repente la mano de un amigo, o de alguien que acabamos de conocer, pero que de forma franca y sincera te presta esa ayuda o esa idea necesaria, para levantarte y subir, te parece y es de cierto ayuda Divina.

¿Cuántas veces en medio de la incertidumbre y después de haber hecho una plegaria sencilla a Dios, de repente, se nos prende el bombillo interno, y se hace la luz en nuestro entendimiento y la respuesta aparece clara y precisa?.

Quizás los que practican yoga a menudo o meditación me dirán con razón que si sacara tiempo y meditara con disciplina todos los días, estaría más fácilmente conectada con mi yo interior y las respuestas vendrían más rápido, pero cuando lo intento, mi saboteador interno ha sido hasta ahora más poderoso que yo, y dirán ¿quien es ese saboteador interno?, pues nada más y nada menos que el torbellino de ideas que siempre están revoloteando por mi mente, son tan sagaces que cuando creo tenerlas controladas, hacen su aparición y vuelta a empezar, se que debo aprender a dominarlas, porque ellas no deben ni pueden dominarme a mí. Y me he hecho la promesa a mí misma de controlarlas, haciendo un ejercicio mental de cada cosa a su tiempo, por partes, y así logro que no me ahogue la ansiedad.

La vida me puso hace muchos años en la tesitura de hacerme capitán de barco, sin tener la preparación física y emocional suficiente, pero con la práctica y los debidos ensayos y errores, he llegado hasta aquí, y aunque parezca extraño no lo he hecho tan mal.

Una de las cosas que me han salvado, a mi manera de ver, es mi capacidad de soñar, no en ser princesa, ni mucho menos, he visto sus vidas privadas sometidas a tanto escrutinio por parte de la gente de a pie y de los periodistas, que cada día le doy gracias a Dios por ser una persona anónima, un rostro cualquiera en una ciudad cualquiera, y hoy gracias a los años, tampoco llamo tanto la atención, porque ya no tengo ni quince, ni veinte, ni treinta... soy una abuela joven, pero me siento feliz de llevar por corona simbólica mis 58 años de edad. 

La vida, que es la gran maestra de todos y cada uno de nosotros me ha enseñado, a veces con dulzura y otras a golpe y porrazo que las cosas son como deben de ser, que por mucho que madrugues el sol sale todos los días a la misma hora, y si no, que lo digan los gallos, que a los primeros rayos de sol ya nos anuncian la llegada de la mañana con su famoso Kikiriki.

Pero sin embargo hay sueños que no cuestan caro y que se pueden alcanzar sólo con el esfuerzo que pongamos cada uno, para mí desde que nos vimos en la necesidad de emigrar, me ha tocado hacer y ponerme metas que al principio me parecían imposibles, la más difícil y que logré el año pasado, fue aprobar las materias que me faltaban para homologar mi título de Bióloga. 

Cuando han pasado 35 años, desde que te graduaste en la Universidad, y que no has ejercido en años, porque mis últimos 25 años antes de emigrar estuvieron dedicados a la gerencia en empresas de Seguros y Brokers, volver a estudiar materias como la Micro Biología, la Fisiología Animal o la Ecología, que han dado un salto inmenso desde mi época de estudiante allá por el año 1979 a hoy, me parecía casi imposible, pero me inscribí, estudiaba de 9 a 2 de la tarde, almorzaba y luego a las  cinco me volvía a sentar a estudiar hasta las 10 o las 12 de la noche. Otros días me iba a la Biblioteca Pública de La Laguna, debo decirles que en eso estamos tan organizados que mi carnet de la Biblioteca me permite acudir a cualquier Biblioteca Pública de nuestra provincia (Canarias está formada por siete islas y dos provincias: Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas) y solicitar hasta tres libros en préstamos y  tengo quince días para devolverlos, pero si aún me hacen falta puedo por Internet renovar mi solicitud de préstamo, sin tener que acudir a la Biblioteca en forma física, y ha sido una experiencia fantástica.

Lo genial de todo es que yo era mayor que los profesores que me iban a evaluar, algunos no habían ni siquiera empezado a estudiar la carrera cuando yo la había terminado en 1979. Pero me sobrepuse a todas las limitaciones que se puedan imaginar, y lo logré, y ahora sigo estudiando, y quiero en un futuro cercano hacer un Máster de especialización Docente.

Pero sobre todas las cosas mis sueños son ver crecer a mis nietos, seguir escribiendo y publicar mis cuentos para niños, y conversar con ustedes, de estas pequeñas cosas  que no son grandes logros ni mucho menos, pero a pesar de ser pequeñas cosas y a veces insignificantes, nos mantienen vivos y demuestran que no hay edad para empezar de nuevo, que sólo hace falta una cosa Voluntad, y saben, yo eso lo tengo a raudales, si el día de mañana tuvieran que poner algo sobre mi tumba imaginaria, y digo imaginaria porque no quiero ser enterrada, quiero formar parte de la arena de alguna playa solitaria y lejana donde nadie vaya nunca, ese epitafio diría, Nunca dejó de soñar sueños posibles e imposibles.


Que Dios los Bendiga.


Mireya Pérez




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