A los compañeros del tren especial que es nuestra vida

viernes, 19 de junio de 2015

Cajas cerradas...




En Ciencias se habla de sistemas de caja abierta y de caja cerrada. Las cajas abiertas son sistemas en donde podemos ver a simple vista todos y cada uno de sus componentes, y podemos analizarlos, ver de qué están compuestos, cómo funcionan, etc. Sin embargo, en los sistemas de cajas cerradas, no sabemos cuáles son los compuestos u organismos que lo forman, ni siquiera el peso, pues dependerá del peso específico de cada uno de sus componentes.

Los docentes solemos hacer un juego con los alumnos, más para que aprendan a pensar y a utilizar sus conocimientos, para deducir, para comprender el complejo mundo de las cajas cerradas. En esta experiencia le presentamos una caja de X tamaño, con diferentes objetos dentro de ella y cerrada a tal punto, que sólo pueden jugar con ella, tratando de dilucidar por el sonido, el peso y contrapeso, cuántos elementos hay, y qué posibles elementos pueden haber en ellos. Por supuesto, mientras más elementos pongamos, más compleja será la prueba. Es un juego divertido, y nos permite utilizar la deducción, como herramienta de investigación.

Pero si llevamos esta experiencia a la vida cotidiana, veremos con asombro, que todos y cada uno de nosotros, somos un ejemplo de caja cerrada. Empezando porque a pesar de conocer todos los componentes de nuestro cuerpo, sus funciones, y ubicación aproximada, no los vemos a simple vista, y necesitamos utilizar para estudiarlos,  otros equipos más sofisticados que la simple utilización de nuestros sentidos. Ejemplo: Rayos X, Resonancias magnéticas, etc.

Si esto lo llevamos a cómo funciona nuestra mente y las asociaciones mentales que hacemos, sabemos que es también un sistema de caja cerrada, aún más impenetrable. Pues las miles de funciones que realiza nuestro sistema neuronal, por cada fracción de tiempo, las realiza sin que nos demos cuenta, y no son apreciables a simple vista.

Y ahora llegamos al meollo de la cuestión, si las personas que somos: complejas, maravillosas, intuitivas, etc, además nos comportamos como cajas cerradas, ¿Qué sucede con nuestro entorno?¿ Somos capaces de comunicarnos? ¿O simplemente vemos sólo una parte del abanico de posibilidades que nos presenta la vida?.

Pues déjenme que les diga que si somos de las personas que tenemos la mente cerrada, nos perdemos muchísimas cosas, y alejamos a mucha gente interesante que nos podría haber enseñado muchas cosas, y a las cuales también le hubiéramos enseñado algo, porque en la interacción entre individuos hay siempre un feed back, que nos permite crecer, aprender y enseñar, de forma simultánea.

Ejemplos de seres humanos con mente cerrada conocemos muchos, pero se puede mejorar, siempre y cuando la persona decida, por cuenta propia, cambiar. Mágica palabra, CAMBIAR.

Fácil no es, en primer lugar hay que reconocer que tenemos un problema, sin ser grave, pero que interfiere en nuestra forma de comunicarnos e intervenir en la vida propia y de los que queremos, sin que esa intervención sea para hacer daño, simplemente para convivir y responder en forma positiva a la serie Acción- Reacción, que se nos presenta en el día a día.

En segundo lugar, debemos aprender y asimilar nuevos códigos de conducta, modismos, frases y hasta conocer nuevos escenarios. Con el maravilloso descubrimiento de todo lo nuevo, que se va afianzando con el refuerzo de las conductas nuevas adquiridas. Si contamos con el apoyo de la familia, de los amigos y además ponemos el 100 % de nuestra parte, nos daremos cuenta de la cantidad de cosas, situaciones y experiencias que nos hemos perdido.

En tercer lugar, descubrir que todavía hay mucho por aprender y que todos tenemos algo que aportar, es un gran aliciente para dejar atrás esa imagen de mente cerrada, al de una mente amplia, abierta a nuevas experiencias, conocimientos, intereses, paisajes, personas, etc. 

Generalmente cuando esto sucede, la persona se siente como el caballo que  tenía puestas unas gríngolas para que no se distrajera, y solo mirara al frente, en una visión de 60º y ahora al quitarle ese estorbo, puede ver en 180 º. y descubre que es maravilloso, e incluso los colores son más vivos...

Cuando ampliamos nuestra mente, cuando aceptamos las diferencias, cuando respetamos a los otros, aunque no piensen igual  e incluso tengan una filiación política o religiosa diferente, mejoramos como seres humanos, y la sensación de crecimiento personal y emocional es fantástica.

Dejemos de vivir encerrados en las cuatro paredes de nuestra mente, de nuestro entorno o de nuestro barrio o localidad. Más allá de los confines de mi barriada, de mi colegio o Universidad, existe otro mundo, nuevas caras, gente maravillosa por conocer, lugares hermosos por los cuales quedarnos fascinados, experiencias por vivir, siempre sanamente, y esto es realmente importante, que escojamos cosas sanas, para nosotros y para los que nos acompañan. Visitar un parque, una plaza, ir al teatro o al cine, acudir a una exposición de arte, caminar con los amigos o la familia, por sitios nuevos, nos abre las puertas a la comprensión de que no estamos solos, ni podemos quedarnos encerrados en nuestra mente. Todos tenemos algo que aportar, y al hacerlo, nos sentimos unidos a los demás, por las emociones, por el afecto, el compañerismo, la amistad y el cariño.

Seamos más espontáneos, no tengamos miedo al qué dirán, ya nadie está pendiente de la vida del otro, y si así fuera, recordemos que a la hora de tener una necesidad especial, el qué dirán nunca se hace presente para ayudarnos.

Que Dios nos bendiga a todos, y agradezcamos a Dios por todas las oportunidades maravillosas que nos presenta cada día, porque aunque a veces se cierre una puerta, la habitación se ilumina con cientos de ventanas y oportunidades que nos presenta, y la luz aparece resplandeciente y maravillosa.

Mireya Pérez






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