A los compañeros del tren especial que es nuestra vida

martes, 7 de febrero de 2017

Hacer las paces con nuestro pasado...




Puede que al leer el título de este artículo, piensen que se me fue la olla, jajajaja. Pero no, estoy cuerda, jajaja, quizás más de lo que me gustaría reconocer a veces, jajajaja.

Existen personas que llevan sobre sus hombros la carga del mundo, de su mundo, y lo han hecho durante tanto tiempo, que ya forma parte de su estructura molecular, e incluso posicionalmente hablando, pareciera que llevan un pesado fardo sobre sus hombros... Pensaran que no pueden hacer nada más, porque el tiempo pasó y se llevó lo mejor de ustedes mismos, pero ahí les voy a quitar la razón.

Hoy, es el mejor momento de sus vidas, de nuestras vidas. Es el tiempo perfecto para poder realizar o proyectar los cambios que quieren realizar, y como parte de esos proyectos, hay que hacer un análisis del pasado y realizar el ejercicio más difícil: reconocer los errores y Perdonar o perdonarse, por ellos.

Algunos dirán que no tienen resentimiento alguno, puede que sea cierto o que no, pero nada se pierde con probar. Una manera de hacerlo es recordar a tal o cual persona, y ver cómo nos comportamos, basta con que hagamos el más mínimo gesto o respingo, para que nos demos cuenta que esa etapa no está cerrada del todo. ¿ Qué hacer entonces?... Mi consejo, porque lo he vivido, es tomar un lápiz y un papel y empezar a escribir, no se paren escriban todo lo que les llegue a la mente, ni siquiera hagan juicio de valor sobre lo que escriben, piensen que están haciendo una limpieza de su alma... Seguramente cuando terminen, habrán dejado escapar más de una lágrima, y ni siquiera sabrán cómo y en qué momento guardaron tanto, dentro de su corazón.

Yo perdí a mi padre a los quince años, y ese duelo no lo realicé como debía, tampoco lo sabía, lo único que sabía era que no podía ni pensar en él y mucho menos hablar de él, sin que llorara a lágrima viva, como si hubiera sido ayer, y no hubieran transcurrido más de 30 años... Hasta que alguien me hizo reflexionar sobre eso, y en un retiro espiritual que hice en esa época, el guía me dijo que hiciera las pases con mi padre. Seguramente han puesto la misma cara que yo, jajaja, me aterroricé, y le dije que yo no tenía resentimientos porque él hubiera fallecido tan joven, tenía apenas 48 años, y nosotros 15 y 11 años...

Cuando me puse a escribir en las hojas de papel que nos dieron a cada uno, creo que escribí tres páginas, pero me desahogue, y le conté lo que su ausencia había causado en mi vida, le perdoné, aunque para mí no había culpa alguna, pues nadie se va porque quiere, pero también me perdoné a mi misma, porque sin darme cuenta le había transferido la potestad de haber cambiado mi ¨destino¨... 

La verdad es que cada uno de nosotros tomamos decisiones, y los resultados, sólo nos competen a nosotros mismos. Pero es má fácil culpar a otros, que reconocer nuestra propia responsabilidad.

Tiempo después, encontraría al salir de una cafetería de hospital, en una librería, otro de mis libros de cabecera: El Camino de las Lágrimas de Jorge Bucay, con él entendí lo que en esa época no ví, y me ha ayudado a llevar con entereza, los otros capítulos que forman parte de mi experiencia humana, la que he vivido, la que hoy transito y a aceptar el camino, tal y como se va presentando, sin buscar culpables, aceptando la responsabilidad de mi vida, tal y como la voy desarrollando.

No necesito ni busco culpables, acepto y reconozco mis errores y si me está permitido enmendarlos, así lo hago. Si no es posible, pido perdón por ello, y continúo mi camino. ¿Es fácil?.. No, cuesta mucho, sobre todo si hay que doblegar a un enemigo que todos llevamos dentro, el Ego... Es muy terco y persistente, pero si estás en la senda de la superación personal y emocional, se hace más fácil.

Cuando agarras un papel y pones en palabras aquello que te perturba emocionalmente, y lo vuelves a leer después, te das cuenta de las cosas, que quizás no has tomado en cuenta, y puedes buscar la forma de solucionarlo. A veces, basta con llamar a esa persona y decir: lo siento... Pero si ya no es posible, se puede hacer una especie de conversación íntima, dentro de nosotros mismos; realizar esa especie de monólogo íntimo y especial, e incluso descubrir, que a quien hay que pedirle perdón no es a otra persona, sino a nosotros mismos, porque a veces hemos querido ser más estrictos o severos, de lo normal. Existen personas, entre ellas yo misma, que somos muy estrictos con nosotros mismos, hasta pasarnos de la raya, que se los digo yo, jajajajaj. Pero estamos a tiempo, siempre hay la posibilidad de empezar de nuevo, desde el punto en el que estamos y descubrir a ese compañero de viajes, que somos nosotros y nuestra alma.

Hagamos por tanto, las paces, con nuestro pasado, con nosotros mismos, si es menester, y empecemos un nuevo tipo de comunicación, más real, más auténtica, sin mentirnos, porque puede que en algún momento podamos engañar al otro, pero al que habita nuestra piel, no.

Dios bendiga nuestro camino y nos permita descubrir a los Maestros y/o personas que necesitamos para el tránsito de nuestra vida,


Mireya Pérez.





No hay comentarios:

Publicar un comentario