A los compañeros del tren especial que es nuestra vida

sábado, 8 de octubre de 2016

Cuando nos apartan de lo más importante...



Cuando llega la primavera y las aves se aprestan a buscar pareja y formar sus nidos, aparecen los grandes milagros de la naturaleza, pues en la mayoría de las especies de aves no es la hembra quien construye el nido, sino el macho que ha estado muy afanado los últimos tiempos en preparar el nido, el más hermoso, el más seguro de todos, el que les brindará protección y calor. 

Vuelos inagotables para buscar la brizna de hierva, los trozos más consistentes y el diseño más perfecto... He visto por internet grandes vídeos sobre estos arquitectos de la naturaleza, y el más que me ha llamado la atención es uno que parece una cápsula suspendida en el espacio, apenas sostenida por una rama, protegidos de los depredadores, pero segura, firme y acogedora...

Lo genial de todo es el momento en el que la hembra de la especie viene a supervisar la obra maravillosa que él humildemente le ofrece, y cómo algunas ¨pajaritas¨pretenciosas le dan la espalda por considerar que no es lo suficientemente buena, otras en cambio, supervisan y con leves graznidos le dicen dónde fortalecer la estructura y una vez finalizada se adentra en ese nido como diciéndole que ya está lista, que ahora sí...

¿No les parece que las hembras humanas, a veces también hacen lo mismo?, jajaja. Sólo que algunas están pendientes no del nido, sino de la billetera con las tarjetas negras y platinum de los caballeros gentiles que se aprestan a ofrecerle lo mejor de ellos mismos, que son ellos per sé, pero algunas sólo ven la apariencia externa, el coche, el prestigio y el nivel adquisitivo para sus caprichos de un día. Al hacer esto se comportan como las presumidas aves que desprecian el laborioso trabajo del humilde artesano que le ofreció lo mejor de sí. Su nido seguro y calentito...

En cambio, existen aquellos que tienen la suerte de encontrar a la persona perfecta para completar el camino, para construir una vida, compartida con los suyos, los de cada uno y los que aparecerán, siendo de ahí en adelante de ambos.

Me recuerda siempre la película de Lucile Carmichael y Peter Fonda: Los tuyos, los míos y los nuestros... Luego se han hecho otras versiones, pero creo que esta película es la mejor de todas, no sólo por lo genial de Lucy, que bordaba los personajes, sino por el papel centrado de Peter Fonda. 

En la vida real cuando un chico y una chica se enamoran, se suman a su vida las personas o personajes de la vida del otro u otra, y con el devenir del tiempo, se formarán un núcleo nuevo, formado por los nuevos miembros de la familia, y por los nuevos amigos hechos en conjunto. A veces son lo bastante inteligentes a la hora de sumar, otros en cambio, se vuelven avaros y van separando a la pareja de su entorno natural, hasta lograr la separación física de ese núcleo de amigos e incluso familia, teniendo sólo los que la pareja le permite.

En este último caso están los hombres o mujeres que cuando se separan de su pareja, del padre o madre de sus hijos, se dejan arrastrar por el brillo y aparente belleza de la nueva pareja, y poco a poco van dejando de lado lo más importante de su vida, sus hijos, sin embargo, si la pareja nueva tiene hijos de una unión anterior, sí le prestarán apoyo, auxilio y afecto, mientras que los suyos, van siendo relegados, cual Cenicienta y su hermanastras, hasta el punto en que los hijos vean con temor el llegar a esa nueva casa...Los hombres no lo ven, o no lo quieren ver, pero a la larga van perdiendo a los amigos, a los hijos que miran con desconsuelo, a aquel que tanto aman, pero que les ha sido robado y por último, su familia, sus padres, hermanos y amigos de toda la vida.

Lo más triste de esta experiencia, es que en algún momento la ¨máscara perfecta¨del otro u otra se cae, dejando ver las marcas del Retrato de Dorian Grey, que es su verdadera alma...

Y cómo reponer el daño psicológico efectuado en los inocentes: sus hijos, sus padres?, que aunque nunca dejarán de amarlo, tienen mucho dolor, muchos abrazos vacíos, muchos besos sin dar, muchas lágrimas derramadas en la soledad de la almohada...

Los que los aman de verdad siempre estarán prestos a perdonar, a abrir sus brazos, sus puertas, sus almas, de par en par y amar al hijo pródigo que regresa al seno familiar... Ojalá no tarden mucho, porque los padres tenemos fecha de caducidad, en algún momento nos tocará partir, y no queremos irnos sin haber abrazado de corazón a corazón, al más grande amor de nuestras vidas, de sus vidas, de nuestras vidas: los hijos...

Que Dios nos bendiga y nos proteja, que no perdamos por negligencia a los que son realmente importantes en nuestra vida.

Mireya Pérez



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