A los compañeros del tren especial que es nuestra vida

miércoles, 27 de mayo de 2015

Soledad...amiga mía... no busques más ,¡Aquí estoy!...








Querida amiga, compañera de tantos y tantos momentos de mi vida. No creas que he huido, no, ni siquiera me he escondido, sólo estaba tan ensimismada en mí misma, que ni siquiera te oí llegar, o quizás llevas ya algunos días, y en mis pensamientos encerrada, no te he escuchado llamarme. 

Ya me conoces, a veces parece que estuviera sorda, sólo atenta a mi interior, que se ha desatado como una tormenta que mueve las piedras que controlan el cauce, y el manantial se ha desbordado, brotando a borbotones, sin poderlo controlar.

En esos momentos, sabes que me recojo en mí misma, y si pudiera aislarme del mundo, lo haría, si pudiera no levantarme y respirar, lo haría...pero el peso del deber, me obliga a levantarme y andar un paso tras otro, pesados, sin alma, sin ganas, pero hay que respirar, me necesitan o me necesita, ya no se qué...

Dos años de ausencia, dos años sin noticias, dos años sin saber qué pasó, dónde, cómo, y yo amarrada de pies y manos y con la garganta seca, y el corazón con latidos muy lentos, no tengo fuerzas, se me van entre los suspiros de mi alma inquieta, que está amarrada, sin poderse desatar...

Señor, ten piedad de mí
Señor, perdóname
Señor, guíame
Señor, en tí confío
Señor, libérame
Señor, ayúdame
Señor, te amo
Señor, aquí estoy
esta pobre alma mía
desconsolada y abatida
Señor, ilumíname
Señor, perdóname
Señor, tu ves mi corazón
mi alma de madre desconsolada
llevame y encuentrame un lugar
donde mi alma pueda descansar
donde mi alma pueda encontrar
el so ciego y la fuerza que necesita
Perdóname  Señor!!!.

A veces no hay consuelo, ni palabras que nos ayuden a encontrar las respuestas que nuestro corazón anhela, sólo la Fe, nos ayuda a seguir adelante, cuando ni siquiera el alma, puede con nuestra pena, ni nuestra tristeza.

Hoy la madre, les pide disculpas, la mujer, lleva muchos años dormida, ausente... pero la madre siempre alerta, sigue buscando, sigue esperando una llamada, una carta, una esperanza, y cuando pasa el tiempo, como ser humano que es, se derrumba, a solas, buscando reponer las fuerzas, para levantarse de nuevo, y lo hará, como el Ave Fénix, más decidida que nunca, sólo que hoy, necesita este desahogo, para no ahogarse en su dolor.

Pido disculpas, pero también soy humana, y soy madre, y la madre ni siquiera puede ponerse de luto, pues no sabe si está o no en este plano de luz....

Hoy pido a Dios consuelo y fuerza para todas las madres, hijas y padres de este mundo, que están pasando por un dolor similar al mío: Danos Señor el consuelo, la paz y la paciencia, porque tu tiempo es Perfecto, y sólo tu sabes lo que anhela nuestro corazón. Amén.

Mireya Pérez.

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