A los compañeros del tren especial que es nuestra vida

miércoles, 22 de julio de 2015

Escojo voluntariamente la Paz....

























Cuando la vida nos sorprende de repente, con situaciones o personas aquejadas o atormentadas bien física o espiritualmente, y cuando incluso te agreden sin razón, es el momento de acudir a nuestro Yo Superior y buscar la Paz en nuestro interior.

Pensaran justamente y con razón, que es algo casi imposible, sin embargo, les puedo decir que es posible y se logra, con esfuerzo y con amor. Porque lo único que no nos podemos permitir en la vida, es perder nuestra paz interior, por los desafueros de los demás.

Pero no voy a hablarles de mis experiencias en particular, voy a compartir con ustedes las sabias palabras del 

Dr. Depra Chopra en su libro 
La Paz es el Camino, Editorial Grupo Norma 2005

Depra Chopra nos habla en este libro de uno de los aspectos más difíciles de las relaciones humanas, cuando sufrimos heridas: morales o físicas, pero que a veces pueden llegar incluso a perturbar nuestra paz.

Y dice así:

...¨Uno de los aspectos más traicioneros de la ira es que es mucho más fácil de sentir que cualquier otra emoción. No me refiero únicamente a emociones positivas, como la compasión, sino a las negativas, como el miedo, la ansiedad, la incertidumbre y la duda de la propia capacidad. La ira tiene además, aceptación social. Los atletas, por ejemplo, la utilizan para motivarse y algunas veces una victoria de fútbol parece más una batalla ganada que el resultado de un juego.

El camino de la paz nos pide que hagamos una clara distinción. Hace falta tomar conciencia de nuestra herida y prestarle atención sin que se convierta en una fijación. Puede ser difícil establecer la distinción. Siempre habrá momentos en los que no sepamos si al expresarla estamos desembarazándonos de la herida o solo desahogándonos. La diferencia tiene que ver con la intención. Si desahogamos la herida con el fin de compartir sentimientos nocivos, el resultado no tendrá nada que ver con la sanación. 

La ira es un arma. Pero si liberamos la ira de la misma manera como botamos una piedra que tenemos en el zapato, la intención clara es conseguir la sanación. Una vez que la ira comienza a salir, las dos alternativas pueden sentirse de la misma manera. La ira es la ira. Pero si tenemos la intención de buscar la sanación, dos cosas ocurrirán: nos sentiremos en paz después de haber liberado la ira y sentiremos que ha comenzado a cambiar la antigua creencia fija acerca de los enemigos y de la injusticia.

Las heridas nos aislan. Cuando la persona sufre, sufre en privado, no importa qué tan cerca esté otra persona. Algunas personas reaccionan a este aislamiento volviéndose todavía más solitarias: alimentan sus resentimientos en silencio, se sienten más fuertes si los enfrentan solos. Otras personas reaccionan al contrario, involucrando el mayor número posible de personas en su sufrimiento.

Ambas tácticas van en contra de la primera ley de sanación, que consiste en que la sanación debe producirse en el interior de uno mismo, lo cual no es lo mismo que enfrentarse uno solo. Esta es la interpretación del ego, y al profundizar, encontraremos que lo que realmente se está desarrollando es una resistencia. El ego está diciendo: Yo no merezco que me hubiera pasado esto. Me voy a quedar esperando a que alguien se de cuenta y se apiade de mí...

Todos tenemos reacciones del ego que hay que superar. Al tomarlas por lo que son, como energías temporales que bloquean el verdadero yo, comprenderemos que poniendo en acción el verdadero yo - el alma, la conciencia superior, el conocimiento profundo - podemos comenzar a hacer a un lado estos obstáculos. Y al acceder al verdadero yo, aunque sea parcialmente, volveremos a sentirnos conectados.

Otras personas pueden servir de consuelo y de ayuda. Al volvernos a conectar con nosotros mismos, automáticamente nos volvemos a conectar con otras personas porque ellas son el reflejo de nosotros mismos. Pero depender de los demás para solucionar nuestros problemas nunca funciona porque, a pesar de que nos sintamos conectados con ellos, lo que está conectando es un ego con otros egos. Y la sanación no tiene lugar en el nivel del ego, no importa la simpatía que nos rodea ni cuántas personas nos digan que tenemos la razón, porque no hemos tirado los bloques que impiden que entre una nueva vida para sanarnos...

Por muy difícil que parezca, a veces, la única opción es apartarse de la persona que nos ofende, que nos altera e injuria, pues si le damos acceso a nuestro círculo de paz, se sentirán totalmente agredidas y su furia aumentará. 

Cuando ponemos espacio de por medio, les permitimos analizar su situación y buscar la ayuda profesional y médica que necesitan, pues no somos nosotros el motivo de su furia o de su ira, es algo que lleva carcomiendo su alma y que no saben distinguir ni reconocer: La Culpa. Y para las personas que están envueltas en esa espiral, aparentemente sin salida, sólo queda la opción de buscar la ayuda en terceros, totalmente imparciales, que podrán con el tiempo llevar la calma y el so ciego a sus almas.

Nosotros, solo podemos enviarles nuestro amor, desde el pensamiento y desde la consideración, así como a sus familiares más cercanos, que sufren lo indecible, cuando alguien amado ha perdido el norte de su vida y de su mente. Pero siempre desde el respeto, la caridad y el amor que como hijos de Dios debemos y estamos obligados a prodigarles, aunque sea en la distancia, porque las oraciones curan, aunque no lo veamos de inmediato.

Por ello, amigos y amigas, en situaciones en las cuales no podemos hacer otra cosa más que dar un paso atrás, y rezar por aquellos que necesitan del apoyo moral, hagámoslo con la Fe de que nuestras oraciones serán escuchadas, y con la esperanza de que esas almas encuentren, en algún momento, la paz que tanto necesitan.

Dios nos bendiga a todas y todos y brille en nuestras casas, oficinas, empleos y familias la paz más hermosa y armoniosa del mundo.

Mireya Pérez





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