A los compañeros del tren especial que es nuestra vida

martes, 7 de julio de 2015

Tener una meta y un rumbo en la vida...



Hoy voy a compartir con ustedes un cuento de Jorge Bucay, de su libro El Camino de La Felicidad, editado por Pinguin Random House 2004.

En este cuento, Bucay nos habla sobre tener una Meta  en la vida y dirigirnos Rumbo a un lugar y dice...

Un buen día, un señor se hace a la mar a navegar en su velero y, de repente, una fuerte tormenta lo sorprende y lo lleva descontrolado mar adentro. En medio del temporal el hombre no ve hacia dónde se dirige su barco. Con peligro de resbalar por la cubierta, echa el ancla para no seguir siendo llevado por el viento y se refugia en su camarote hasta que la tormenta amaine un poco.

Cuando el viento calma, el hombre sale de su refugio y recorre el velero de proa a popa. Revisa cada centímetro de su nave y se alegra al confirmar que está entera. El motor enciende, el casco está sano, las velas intactas, el agua potable no se ha derramado y el timón funciona como nuevo.

El navegante sonríe y levanta la vista con intención de iniciar el retorno a puerto. Otea en todas las direcciones pero lo único que ve por todos lado es agua. Se da cuenta de que la tormenta lo ha llevado lejos de la costa y de que no tienen ningún punto de referencia y se siente perdido.

Empieza a angustiarse y a deseperarse.

Como les pasa a la mayoría de las personas en momentos demasiado desafortunados, el hombre empieza a llorar mientras se queja en voz alta diciendo:
_ Estoy perdido, estoy perdido... qué barbaridad...

Y se acuerda de que él es un hombre educado en la fe, como a veces pasa, lamentablemente sólo en esos momentos, y dice:
_Dios mío, estoy perdido, ayúdame Dios mío, estoy perdido.

Aunque parezca mentira, un milagro se produce en esta historia: el cielo se abre_ un círculo diáfano aparece entre las nubes_, un rayo de sol entra, como en las películas, y se escucha una voz profunda(¿Dios?) que dice:
-¿Qué te pasa?.
El hombre se arrodilla frente al milagro e implora:
_ Estoy perdido, no sé dónde estoy, estoy perdido, ilumíname, Señor. ¿ Dónde estoy...Señor?¿Dónde estoy...?
En ese momento, la voz, respondiendo a aquel pedido desesperado, dice:
_Estás 38 grados latitud Sur, 29 grados longitud Oeste_ y el cielo se cierra.

-Gracias, gracias..._ dice el hombre.

Pero pasada la primera alegría, piensa un ratito y se inquieta retomando su queja:
_Estoy perdido, estoy perdido...
Acaba de darse cuenta de que con saber dónde está, sigue estando perdido: porque saber donde estás no te dice nada respecto a dejar de estar perdido.
Y el cielo se abre por segunda vez:
_¡ Qué te pasa!_
_ Es que en realidad no me sirve saber dónde estoy, lo que yo quiero saber es a dónde voy.¿Para qué me sirve saber dónde estoy si no sé a dónde voy?. A mí lo que me tiene perdido es no saber a dónde voy.
_ Bien _dice la voz_ vas a Buenos Aires_ y el cielo comienza a cerrase otra vez.

Entonces, ya más rápidamente y antes de que el cielo termine de cerrarse, el hombre dice:
_¡Estoy perdido, Dios mío, estoy perdido, estoy desesperado...!
El cielo se abre por tercera vez:
-¡¿ Y ahora qué pasa?!
_ No... es que yo, sabiendo dónde estoy y sabiendo a dónde voy, sigo estando perdido como antes, porque en realidad ni siquiera sé dónde está ubicado el lugar a donde voy.
La voz le responde:
_ Buenos Aires está 38 grados...
_¡No, no, no!_ exclama el hombre_ Estoy perdido, estoy perdido...¿Sabes lo que pasa?. Me doy cuenta de que ya no me alcanza con saber a dónde voy; necesito saber cuál es el camino para llegar, necesito el camino.

En ese preciso instante, cae desde el cielo un pergamino atado con un lazo.
El hombre lo abre y ve un mapa marino. Arriba y a la izquierda un puntito rojo que se prende y se apaga con un letrero que dice:
¨Usted está aquí¨.
Y abajo a la derecha un punto azul donde se lee:
¨Buenos Aires¨.
En un tono fucsia fosforescente, el mapa muestra una ruta que tiene muchas indicaciones:
     remolino
     arrecife
     piedritas...
y que obviamente marca el camino a seguir para llegar a destino.

El hombre por fin se pone contento. Se arrodilla, se santigua y dice:
_ Gracias, Dios mío...
Nuestro desgraciado e improvisado héroe 
Mira el mapa...
Pone en marcha el motor...
Estira la vela...
Observa para todos lados... y dice:

_¡ Estoy perdido, estoy perdido!...
Por supuesto.
Pobre hombre, sigue perdido.
Para todos lados a adonde mira sigue viendo agua, y toda la información reunida no le sirve para nada, porque no sabe por dónde empezar el viaje.

En esta historia, el hombre tiene conciencia de dónde está, sabe cuál es la meta, conoce el camino que une el lugar donde está y la meta adonde va, pero le falta algo para dejar de estar perdido.

¿Qué es lo que le falta?.
Saber hacia dónde va
¿Cómo haría un señor que navega para determinar el rumbo?.

Mirando una brújula. Porque solo una brújula le puede dar esa información.

Y no tiene la brújula...

De ahí que la Meta sea el punto a donde queremos llegar y el Rumbo, es la dirección, el sentido hacia donde debemos dirigirnos.

Jorge Bucay nos aclara que en la vida cotidiana, las metas son como puertos a donde llegar, el camino que tomamos para llegar a esas metas, son la utilización de los recursos con los cuales contamos ( espirituales, profesionales, emocionales, etc.), y el mapa lo aportará la experiencia que poseemos. 

Sin embargo, sin tener claro cuál es la dirección que debemos tomar, si no sabemos dónde está el Norte, quizás no podamos ni siquiera arrancar, a pesar de tener un mapa. Es necesario tener una brújula que nos indique dónde está el Norte geográfico, o tener un Norte motivacional o emocional, que nos guíe durante el recorrido.

Que Dios nos bendiga siempre a todos, y podamos acudir a él, para recibir el consuelo, el apoyo o la luz, para continuar el camino, a pesar de las dudas, que en un momento dado, nos puedan bloquear. En la oración, siempre tendremos esa conección con Dios que tanta falta nos hace. 

Un abrazo de corazón a corazón.

Mireya Pérez


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