A los compañeros del tren especial que es nuestra vida

jueves, 17 de abril de 2014

El Limonero del Señor... Poema de Don Andrés Eloy Blanco.




Don Andrés Eloy Blanco fue un político y poeta Cumanés, que murió muy joven, atropellado por un coche allá por los años 50 en Ciudad de México, pero nos dejó un legado de poesías y poemas muy venezolanos, y como en mi casa somos devotos del Nazareno de San Pablo, quiero hoy compartir con ustedes este hermoso poema, basado en un hecho real, en el milagro del Limonero de la esquina de Miracielos, en la Caracas de Antaño. Espero que les guste tanto como a mí.

El limonero del Señor

En la esquina de Miracielos
agoniza la tradición.
¿Qué mano avara cortaría
el limonero del Señor...?
Miracielos; casuchas nuevas,
con descrédito del color;
antaño hubiera allí una tapia
Y una arboleda y un portón.
Calle de piedra; el reflejo
encalambrado de un farol;
hacia la sombra, el aguafuerte
abocetada de un balcón,
a cuya vera se bajara,
para hacer guiños al amor,
el embozo de Guzmán Blanco
En algún lance de ocasión.

En el corral está sembrado,
junto al muro, junto al portón,
y por encima de la tapia
hacia la calle descolgó
un gajo verde y amarillo
el limonero del Señor.

Cuentan que en pascua lo sembrara,
el año quince, un español,
y cada dueño de la siembra
de sus racimos exprimió
la limonada con azúcar
Para el día de San Simón.

Por la esquina de Miracielos,
en sus Miércoles de dolor,
el Nazareno de San Pablo
Pasaba siempre en procesión.
Y llegó el año de la peste;
moría el pueblo bajo el sol;
con su cortejo de enlutados
pasaba al trote algún doctor
y en un hartazgo dilataba
su puerta «Los Hijos de Dios».

La Terapéutica era inútil;
andaba el Viático al vapor
Y por exceso de trabajo
se abreviaba la absolución.
Y pasó el Domingo de Ramos
y fue el Miércoles del Dolor
cuando, apestada y sollozante,
la muchedumbre en oración,
desde el claustro de San Felipe
hasta San Pablo, se agolpó.

Un aguacero de plegarias
asordó la Puerta Mayor
y el Nazareno de San Pablo
salió otra vez en procesión.
En el azul del empedrado
regaba flores el fervor;
banderolas en las paredes,
candilejas en el balcón,
el canelón y el miriñaque
el garrasí y el quitasol;
un predominio de morado
de incienso y de genuflexión.

—¡Oh, Señor, Dios de los Ejércitos. 
La peste aléjanos, Señor...!
En la esquina de Miracielos
hubo una breve oscilación;
los portadores de las andas
se detuvieron; Monseñor
el Arzobispo, alzó los ojos
hacia la Cruz; la Cruz de Dios,
al pasar bajo el limonero,
entre sus gajos se enredó.
Sobre la frente del Mesías
hubo un rebote de verdor
y entre sus rizos tembló el oro
amarillo de la sazón.

De lo profundo del cortejo
partió la flecha de una voz:
¡Milagro...! ¡Es bálsamo, cristianos, 
el limonero del Señor...!
Y veinte manos arrancaban
la cosecha de curación
que en la esquina de Miracielos
de los cielos enviaba Dios.

Y se curaron los apestosos
bebiendo el ácido licor
con agua clara de Catuche,
entre oración y oración.
Miracielos: casuchas nuevas;
la tapia desapareció.
¿Qué mano avara cortaría 
el limonero del Señor...?

¿Golpe de sordo mercachifle
o competencia de Doctor
o despecho de boticario
u ornamento de la población...?

El Nazareno de San Pablo
tuvo una casa y la perdió
y tuvo un patio y una tapia
y un limonero y un portón.

¡Mal haya el golpe que cortara
el limonero del Señor...!
¡Mal haya el sino de esa mano
que desgajó la tradición...!

Quizá en su tumba un limonero
floreció un día de Pasión
y una nueva nevada de azahares
sobre la cruz desmigajó,
como lo hiciera aquella tarde
sobre la Cruz en procesión,
en la esquina de Miracielos,
¡el limonero del Señor...!

Desde niña acompañé muchas veces  a mi padre a la procesión del Miércoles Santo, cuando a las 9 de la noche, salía puntual el Nazareno de San Pablo , por el Nombre de la Iglesia, era una estatua tan hermosa, que el pueblo contaba, que en Sevilla cuando la hicieron,el cristo le habló al escultor y le preguntó- ¿Donde mes has visto que tan bien me has hecho?-

Es una imagen hermosa, pero cada año, por el peso, se va encorvando cada vez más, ignoro si la han restaurado, me imagino que no, pero esa noche de madrugada, cuando regresa por la Puerta de Santa Ana, la muchedumbre todavía lo acompaña, y era normal ver en el amanecer del miércoles santo a personas caminar descalzas vestidas de nazarenos, acompañados de sus hijos todos vestidos de morado, para pagar la penitencia, por el milagro concedido, si papá hubiera superado su enfermedad, yo le habría acompañado en ese peregrinar. Por eso cuando lo vestimos el día final, guardé en el bolsillo de la solapa de su traje, su amada imagen del Nazareno de San Pablo, para que lo acompañara hasta su última morada.

Gracias papá por todas las cosas buenas que nos enseñaste, por tu ejemplo como católico ejemplar, por tu alma generosa, por el perdón a flor de piel, por el amor a los niños, no solo los tuyos, tenías una alegría de vivir que hacía que siempre estuvieras rodeado de gente joven, por eso esa noche- madrugada cuando te fuiste, no sólo llorábamos nosotras, sino también tus médicos y las enfermeras de piso, ver a 8 profesionales llorando la muerte de un enfermo, decía mucho de tu capacidad de sacar una sonrisa a una piedra, cosa que yo también trato de hacer, sin tener el salero natural que tenías, pero si con el mismo desinterés, solo la alegría de hacer sonreír a la gente, que ¿sabes? parece que hace falta cada vez más.

Te amo padre, por lo mucho que me enseñaste, por ser el mejor amigo del mundo, el mejor compañero y el que mejor escuchaba. A pesar de todo, tuve mucha suerte, porque aunque sólo estuve a tu lado durante 11 años, fueron maravillosos.


Con todo el amor de tu hija


Mireya Pérez







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