A los compañeros del tren especial que es nuestra vida

lunes, 10 de noviembre de 2014

Un cuento para evolucionar como mujeres de este tiempo....








En varias ocasiones les he comentado la importancia que en mi vida tienen y han tenido los libros, esos maestros silenciosos, que llegan a veces, a través de diferentes medios a mi vida. Unas veces los he comprado yo, porque al entrar a una librería me han llamado poderosamente la atención, como si ejercieran un hechizo en mí que me impulsa a llevarlos a casa, otras veces alguien me ha sugerido tal o cual autor, o tal y cual título, y al llegar  a la vitrina de algún establecimiento, incluso en en el de un estanco cualquiera, resalta de entre todos, ese nombre que mi mente sin saberlo ha estado buscando; otras sin embargo, me han llegado a través de regalos que me han hecho a lo largo de mi vida.

Todos y cada uno de ellos, leídos o por leer, ocupan un lugar importante en mis estanterías, esperando con paciencia el momento oportuno para su  redescubrimiento o su primera lectura. Porque hay libros que he leído más de una vez, en distintas épocas de mi vida, y me han enseñado o me han dado ¨bofetadas¨diferentes, según el momento existencial que esté atravesando.

Es el caso de este libro, que me regalaron mi último cumpleaños, se llama MUJERES QUE CORREN CON LOS LOBOS,  de Clarissa Pinkola Estés, B de Bolsillo, 2009, Barcelona, España. Hoy me voy a permitir compartir con ustedes un cuento que ella nos transmite a través de este libro singular, espero que les guste y que les ayude.

VASALISA

Había una vez y no había una vez una joven madre que yacía en su lecho de muerte con el rostro pálido como las blancas rosas de cera de la sacristía de la cercana iglesia. Su hijita y su marido permanecían sentados a los pies de la vieja cama de madera, rezando para que Dios la condujera sana y salva a la otra vida.

La madre moribunda llamó a Vasalisa y la niña se arrodilló al lado de ella con sus botas rojas y su delantal blanco, un chaleco bordado con hilos de colores, y una falda negra.

- Presta atención a mis últimas palabras, hija mía- dijo la madre-. Si alguna vez de extraviaras o necesitaras ayuda, pregúntale a esta muñeca lo que tienes que hacer.Recibirás ayuda. Guarda siempre esta muñeca. No le hables a nadie de ella. Dale de comer cuando esté hambrienta. Esta es mi promesa de madre y mi bendición, querida hija mía.

Dicho lo cual, el aliento de la madre se hundió en las profundidades de su cuerpo, donde recogió su alma y, cuando salió a través de sus labios, la madre murió.

La niña y su padre la lloraron durante mucho tiempo.Pero, como un campo arrasado cruelmente por la guerra, la vida del padre reverdeció de nuevo entre los surcos y se casó de nuevo con una mujer viuda con dos hijas. Aunque la madrastra y sus hijas siempre hablaban con cortesía y sonreían como unas señoras, había en sus sonrisas una punta de sarcasmo que el padre de Vasalisa no percibía.

Sin embargo, cuando las tres mujeres se quedaban solas con la niña, la atormentaban, la obligaban a servirlas, y la enviaban a cortar leña para que la hermosura de su piel se estropeara. Y porque era muy guapa. La odiaban porque Vasalisa poseía una dulzura que no era de este mundo. Vasalisa era servicial y jamás se quejaba mientras que la madrastra y las hijas se peleaban entre si como las ratas entre los montones de basura por la noche.

Un día la madrastra y las hermanastras no pudieron aguantar por más tiempo a Vasalisa.

- Vamos a hacer que el fuego se apague, y vamos a mandar a Vasalisa al bosque a buscar a la bruja Baba Yaga, para que le suplique fuego para nuestro hogar. Y cuando llegue a la casa de la bruja, ésta la matará y se la comerá.-

Todas batieron palmas y soltaron unos chillidos semejantes a los de los seres que habitan en las tinieblas.

Así pues, aquella tarde cuando regresó de  recoger la leña, Vasalisa vio que toda la casa estaba a oscuras. Se preocupó y le preguntó a su madrastra:

-¿ Qué ha ocurrido?¿Con qué guisaremos?¿ Qué haremos para iluminar la oscuridad?-

- Qué estúpida eres- le contestó la madrastra- Está claro que no tenemos fuego. Y yo no puedo salir al bosque porque soy vieja. Mis hijas tampoco pueden ir porque tienen miedo. Por consiguiente, tu eres la única que puedes ir al bosque a buscar a Baba Yaga y pedirle carbón para volver a encender la chimenea.-

- Muy bien pues, así lo haré- Dijo inocentemente Vasalisa.

Y se puso en camino.El bosque estaba cada vez más oscuro y las ramitas que crujían bajo sus pies la asustaban. Introdujo la mano en el profundo bolsillo de su delantal donde guardaba la muñeca que su madre moribunda le regalara. Le dio unas palmaditas a la muñeca que guardaba en el interior del bolsillo y se dijo:

-Es verdad, el sólo hecho de tocar la muñeca me tranquiliza.

A cada encrucijada del camino, Vasalisa tocaba la muñeca y consultaba con ella.

- Dime, ¿tengo que ir a la derecha o a la izquierda?.

La muñeca le contestaba Si o No , Por aquí, o Por allá. Vasalisa le dio a la muñeca un poco de pan que llevaba y siguió el camino que parecía indicarle la muñeca.

De repente, un hombre vestido de blanco pasó al  galope  por a su lado montando un caballo blanco e inmediatamente se hizo de día. Más adelante, pasó un hombre vestido de rojo montado en un caballo rojo y salió el sol. Vasalisa prosiguió su camino, y en el momento que llegaba a la cabaña de Baba Yaga, pasó un hombre vestido de negro trotando a lomos de un caballo negro y entro en la cabaña de Baba Yaga. Enseguida se hizo de noche. La valla hecha de calaveras y huesos que rodeaba la choza empezó a brillar con un fuego interior, iluminando con su siniestra luz todo el claro del bosque.

La tal Baba Yaga era una criatura espantosa. Viajaba no en una carroza o en un coche, sino en una caldera en forma de almirez que volaba sola.  Ella impulsaba la caldera con un remo en forma de mano de almirez y se pasaba el rato barriendo las huellas que dejaba a su paso con una escoba hecha con el cabello de una persona muerta mucho tiempo atrás.

Y la caldera volaba por el cielo mientras la grasienta cabellera de Baba Yaga revoloteaba al viento sobre su espalda. Su larga barbilla curvada hacia arriba y su larga nariz curvada hacia abajo, se encontraban justo en el centro. Tenía una minúscula perilla blanca y la piel cubierta de verrugas a causa de su trato con los sapos. Sus uñas orladas de negro eran muy gruesas, tenían caballetes como los tejados y estaban tan curvadas que no le permitían cerrar las manos en un puño.

La casa de Baba Yaga era todavía más extraña. Se levantaba sobre unas enormes y escamosas patas de gallina de color amarillo, caminaba sola y a menudo daba vueltas y más vueltas como un bailarín extasiado. Los goznes de las puertas y las ventanas estaban hechos con dedos de manos y pies humanos y la cerradura de la entrada estaba hecha con el hocico de un animal lleno de afilados dientes. Vasalisa consultó con su muñeca y le preguntó:

- ¿ Es esta la casa que buscamos?-

Y la muñeca le contestó a su manera:

- Sí, ésta es la casa que buscas-

Antes de que pudiera dar otro paso Baba Yaga bajó con su caldera y le preguntó a gritos:

-¿ Qué quieres?-

La niña se puso a temblar.

- Abuela, vengo a por fuego. En mi casa hace mucho frío...mi familia morirá... necesito fuego.

Baba Yaga le replicó:

-Ah, sí, ya te conozco y conozco a tu familia. Eres una niña muy negligente... has dejado que se apagara el fuego. Y eso es una imprudencia. Y, además, ¿qué te hace pensar que te daré la llama?-

Vasalisa consultó con la muñeca y contestó:

_ Porque yo te lo pido.-

Baba Yaga ronroneó.

- Tienes mucha suerte porque esa es la respuesta correcta.

Y Vasalisa pensó que había tenido mucha suerte porque había dado la respuesta correcta.

Baba Yaga la amenazó:

- No te puedo dar el fuego hasta que hayas trabajado para mi. Si me haces estos trabajos, tendrás el fuego. De lo contrario...-Aquí Vasalisa vio que los ojos de Baba Yaga se convertían en unas rojas brasas- De lo contrario, hija mía, morirás.

Baba Yaga entró ruidosamente en su choza, se tendió en la cama y ordenó a Vasalisa que le trajera lo que se estaba cociendo en el horno. En el horno había comida suficiente para diez personas y la Yaga se la comió toda, dejando tan solo un pequeño cucurucho y un dedal de sopa para Vasalisa.

_Lávame la ropa, barre el patio, limpia la casa, prepárame la comida, separa el maíz anublado del maíz bueno y cuida de que todo esté en orden. Regresaré más tarde para inspeccionar tu trabajo. Si no está listo, serás mi festín.

Dicho lo cual, Baba Yaga se alejó volando en su caldera, usando la nariz a modo de cataviento y el cabello a modo de vela. Y cayó de nuevo la noche.

Vasalisa acudió a su muñeca apenas se fue la bruja.

_ ¿ Qué voy a hacer?¿ Podré cumplir todas las tareas a tiempo?

La muñeca le dijo que sí, que comiera un poco y se durmiera. Vasalisa le dio también de comer un poco a la muñeca y se fue a dormir.

A la mañana siguiente, la muñeca había hecho todo el trabajo y lo único que quedaba por hacer era cocinar la comida. La Yaga regresó de noche y vio que todo estaba hecho. Satisfecha en cierto modo aunque no del todo porque no podía encontrar ningún fallo, Baba Yaga dijo en tono despectivo:

- Eres una niña muy afortunada.

Después llamó a sus fieles sirvientes para que molieran el maíz e inmediatamente aparecieron en el aire tres pares de manos y empezaron a raspar y triturar el maíz. La paja voló por la casa como nieve dorada.Al final, se terminó la tarea y Baba Yaga se sentó a comer. Se pasó varias horas comiendo y por la mañana le volvió a ordenar a Vasalisa que limpiara la casa, barriera el patio y lavara la ropa.

Después le mostró un gran montón de tierra que había en el patio.

- En ese montón de tierra, hay muchas semillas de adormidera, millones de semillas de adormidera. Quiero que por la mañana haya un gran montón de semillas de adormidera y un gran montón de tierra por separado. ¿Me entiendes?.

Vasalisa estuvo casi a punto de desmayarse.

- ¿ Cómo voy a poder hacerlo?-

Introdujo la mano en el bolsillo, y la muñeca le contestó en un susurró:

- No te preocupes, yo me encargaré de ello.

Aquella noche Baba Yaga empezó a roncar y se quedó dormida. Entonces Vasalisa se intentó separar las semillas de adormidera de la tierra. Al cabo de un rato la muñeca le dijo:

-Vete a dormir, todo irá bien.

Una vez más la muñeca realizó todas las tareas y, cuando la vieja regresó a casa, todo estaba hecho. Baba Yaga habló en tono sarcástico con voz nasal:

-¡Vaya! que suerte has tenido de hacer todas estas cosas.

Llamó a los fieles sirvientes para que extrajeran el aceite de las semillas de adormidera e inmediatamente aparecieron tres pares de manos que rápidamente lo hicieron.

Mientras la Yaga se manchaba la cara con la grasa del estofado, Vasalisa permaneció de pie en silencio.

- ¿ Qué miras?- le espetó la vieja.

-¿ Te puedo hacer unas preguntas, abuela?- Dijo Vasalisa-

- Pregunta- Replicó la Yaga-, pero recuerda que un exceso de conocimientos puede hacer envejecer prematuramente a una persona.

Vasalisa le preguntó quién era el hombre blanco del caballo blanco.

- Ah- Contestó la Yaga- El primero es mi Día.

-¿ Y el hombre del caballo Rojo?-

-Ah, ese es mi Sol Naciente-

-¿ Y el hombre negro del caballo negro?

-Ah, sí, el tercero es mi Noche.

- Comprendo- dijo Vasalisa.

- Vaya niña, ¿ no quieres hacerme más preguntas?- Dijo la Yaga en tono zalamero.

Vasalisa estuvo apunto de preguntar qué eran los pares de manos que acudían a su mandato, pero los saltos de su muñeca en el bolsillo del delantal, frenaron sus preguntas  y entonces dijo en su lugar:

- No, abuela. Tal como tu has dicho, el saber demasiado puede hacer envejecer prematuramente a una persona.

- Ah,- dijo la Yaga, ladeando la cabeza como un pájaro -tienes una sabiduría impropia de una persona de tus años. hija mía.¿ Y cómo es posible que seas así?.

- Gracias a la bendición de mi madre, dijo sonriendo Vasalisa.

-¡¿La bendición?!- Chilló Baba Yaga. ¡¿La bendición has dicho?!. En esta casa no necesitamos bendiciones. Será mejor que te vayas, hija mía.- dijo empujando a Vasalisa hacia la puerta y sacándola a la oscuridad de la noche- Mira, hija mía. ¡Toma!- Baba Yaga tomó una de las calaveras de ardientes ojos que formaban la valla de su choza y la colocó en lo alto de un palo-. ¡Toma!- Llévate a casa esta calavera con el palo. Eso es el fuego. No digas ni una solo palabra más. Vete de aquí.

Vasalisa iba a darle las gracias a la Yaga, pero la muñeca de su bolsillo empezó a saltar de arriba a abajo y entonces Vasalisa entendió que debía tomar la calavera con el fuego y emprender su camino. Corrió a casa en medio del oscuro bosque, siguiendo las curvas y revueltas del camino que le iba indicando la muñeca. Vasalisa salió del bosque, llevando la calavera que arrojaba el fuego a través de los orificios de los ojos, las fosas nasales y la boca. de repente, se asustó de su peso y de su siniestra luz y estuvo a punto de alejarla de sí. Pero la calavera le habló y le dijo que se tranquilizara y que siguiera hasta llegar a la casa de su madrastra y de sus hermanastras. Y ella así lo hizo.

Mientras Vasalisa se iba acercando a la casa, la madrastra y las hermanastras miraron por la ventana y vieron un extraño resplandor bailando en el bosque. El resplandor estaba cada vez más cerca y ellas no acertaban a imaginar qué podía ser. La prolongada ausencia de Vasalisa las hizo suponer que ésta había muerto y que las alimañas se habían encargado de ella y de sus huesos, y en buena hora.

Vasalisa ya estaba muy cerca de su casa. Cuando la madrastra y las hermanastras vieron que era ella, corrieron a su encuentro, diciéndole que llevaban sin fuego desde que ella se había marchado y que, a pesar de que habían intentado prender uno nuevo, éste se les apagaba de nuevo.

Vasalisa entró triunfante a la casa, pues había sobrevivido al peligroso viaje y había traído el fuego a su hogar. Pero la calavera que estaba observando todos los movimientos de sus hermanastras y de la madrastra desde lo alto del palo las abrasó y, a la mañana siguiente, el malvado trío, se había transformado en unas pavesas.

... Para entender el significado de este cuento, tenemos que entender que todos los elementos del mismo, forman parte de la psique de una mujer: 
 La intuición, el conocimiento de la Mujer Sabia, la bondad de la madre y el padre joven e ingenuo, el renovarse a través de la limpieza de la ropa, conservar la mente clara y lúcida, a pesar de la adversidad. Separar lo bueno, de lo menos bueno. 

Cada vez que la muñeca aconsejaba a Valisa irse a dormir, era porque al irnos a dormir, dejamos que los pensamientos se pongan en orden y al día siguiente todo es más claro y diáfano y posiblemente encontremos las respuestas a aquello que nos atemoriza o inhibe.

El aprendizaje y adquisición de coraje ante la adversidad que representa convivir con la Yaga, son los diferentes estadios por los cuales pasamos en nuestra vida, donde al principio somos totalmente inocentes y maleables, pero conforme el tiempo y las adversidades van modelando nuestro carácter y vamos adquiriendo mayor conocimiento sobre nosotras mismas, adquirimos la auto valoración y nos respetamos como individuos, perdemos el miedo a lo desconocido, o por lo menos, lo enfrentamos con coraje y determinación. Vencemos el miedo y salimos fortalecidas.

Por eso, la llegada a casa de Valisa, fuerte con la luz del entendimiento en la calavera que porta, la hace más segura de sí misma y ya no importa la opinión del entorno, ahora hay una nueva mujer que ha despertado y nunca volverá a ser la misma. Será una versión mucho mejor de sí misma.

Espero que les haya gustado.

Que Dios las bendiga

Mireya Pérez


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