A los compañeros del tren especial que es nuestra vida

sábado, 1 de noviembre de 2014

Un sueño en la piel...



¿Quien a lo largo de nuestra existencia no ha tenido un sueño hermoso, luminoso y fantástico, e incluso romántico? Quién no ha soñado con tocar la Luna con sus dedos, con escuchar el rumor del mar en la ventana acompañado de alguien muy pero muy especial?...

A eso yo le llamo ¨Un sueño en la piel¨... y aunque la vida a veces nos pone ante varios sueños a lo largo de la misma, siempre recordamos con especial afecto, aquel primer sueño, aquella primera ilusión, aunque no se hubieran dado cuenta de nuestra existencia, o de que por razones diversas nunca se hizo realidad...

Hoy gracias a una de mis amigas, voy a tocar este tema, el del primer Amor Platónico, el que quizás marcó nuestras vidas o el que gracias a él somos quienes somos. Porque en todo hay una lado positivo, aunque en el momento nos causara pesar y desasosiego. Para las mujeres románticas y también para los hombres románticos, que no se atreven a reconocerlo, pero que también les pasa, va este cuento especial entre una chica soñadora y su muy lejano Príncipe azul....

...Había una vez una niña muy pero muy soñadora, que miraba con adoración las estrellas en el cielo y la luz de la Luna fulgurante, a través de la ventana de su cuarto de niña, esa habitación compartida con dos hermanos menores, que a veces con sus ruidos y sus risas rompían el momento mágico de ensueño de nuestra protagonista, Estrella.

Tenía los ojos color de caramelo, como miel de canela, a veces eran tan claros, que a la luz del sol parecían casi amarillos, como los de un gato, con pupilas grandes y almendrados, en un rostro que sin ser bello, resultaba agradable a la vista, pues la expresión de su mirada era tan diáfana y brillante, que hacía a la gente voltear a mirarla, a pesar de ser muy joven aún, apenas rosaba los quince años, pero ya tenía la altura que conservaría en su edad adulta, de complexión delgada, y jugadora de basketball, era una de las componentes del equipo del colegio, junto a diez de sus mejores compañeras de clase.

Su vida transcurría como el de tantas chicas jóvenes de su edad, entre la casa y el colegio, y del colegio a la casa, salvo los fines de semana, donde a lo mejor tenía que acudir a algún partido, o cuando salía con sus amigas,  a alguna fiesta, a un cine, a ver una sesión de teatro, o a la coral, donde también formaba parte, en la tercera voz. Su sueño más intenso, haber podido aprender a tocar piano, pero sus padres no podían permitirse el coste de una maestro, y mucho menos de un piano, aunque fuera de segunda mano. Pero eso no menoscababa a Estrella, de todos modos era feliz, porque su familia era un núcleo unido, fuerte, sólido y amoroso, y aún las locuras de sus hermanos, eran una delicia en su fuero interno para Estrella, rompería más de una lanza por ellos, los adoraba, y había tantos hermosos recuerdos en su alma, sobre ellos, que jamás los habría cambiado por nada.

Un buen día, las amigas en el recreo conversaban sobre una fiesta que iba a haber en una zona de la ciudad a la cual nunca habían ido, pero que al ser de un familiar de una de ellas, les resultaba fascinante y sobre todo, porque ya empezaban a ir a fiestas con chicos, y aunque con cierta timidez al principio, ahora esas salidas resultaban agradables y se conocía a gente interesante, a veces eran chicas y chicos algo mayores que ellas, quizás uno o dos años, pero en esa época dos años era una diferencia abismal, ya estaban por entrar en la Universidad, y ellas apenas estaban en Tercer Año, uff era un mundo de diferencia!!!!. Sin saberlo, eran los héroes de su generación...¡Cuando nosotras fuéramos a la Universidad!!!!! y se destapaban los sueños, que galopaban en sus corazones: Una quería ser Arquitecto, le encantaba dibujar...; otra quería ser diseñadora, una tela, un tejido, los colores, todo era arte para ella; Estrella quería ser médico, y estudiar para curar enfermedades tropicales...( no se lo había contado a nadie, pero era un sueño para ella muy importante...).

Así que después de ponerse de acuerdo en qué se iban a poner, y a que papá le tocaba llevarlas y a cuál recogerlas, las cinco chicas se dispusieron  ir a su fiesta ¨especial¨y hago énfasis en esta fiesta, porque en ella ocurrieron cosas que cambiaron los pensamientos y los sueños de nuestra chicas para siempre, en el polo positivo, siempre en el plano positivo, que es como siempre debemos ver las cosas.

Llegó el sábado, y en la mañana del mismo, después de acompañar a su padre a hacer las compras en el Mercado Municipal, y de ayudar a su madre a arreglar la casa, Estrella se acercó a su madre y le pidió opinión sobre la ropa que se iba a poner, su madre que era además una persona muy receptiva le aconsejó en que llevar, y su tía que había venido a pasar el día en la casa, le aconsejó en cortarse las puntas del cabello y en secarselo, cosa que hizo ella misma, pues su tía trabajaba en una peluquería y se le daba mucha maña en eso del arreglo personal. El cambio fue evidente, de la coleta habitual, Estrella pasó a una melena media, con las puntas hacia adentro, sin flequillo, y con el cabello, solo peinado hacia atrás, sin raya en el medio, para que el cabello se amoldara a su rostro, en forma natural. Sin maquillaje, solo un poco de brillo en los labios. A los quince años no hace falta mucha cosa para que una joven se vea hermosa y Estrella ese día parecía irradiar algo especial, como su nombre, que tan poética mente le había puesto su padre. Vestía un pantalón de corte campana, con una blusa de manga corta, en estampados en negro, verde oliva y crema, con unas sandalias negras y un cinturón a la cadera, que hacía ver más esbelta a la chica ya de por si delgada. Se sentía como cenicienta, y no sabía lo acertada que era esa imagen.

Las chicas vinieron a buscarlas, no sin antes despedirse de los padres y de la tía de Estrella, asintiendo a los últimos consejos de todos: 
- No acepten bebidas de nadie, asegúrense de servirse ustedes mismas, que el vaso sea nuevo (desechable), etc.
 - No se pierdan de vista  unas de otras, y al menor signo de que algo pasa, llamen a casa.- El papá de Estrella era el encargado de buscarlas a las doce de la noche.

Las chicas llegaron a las ocho de la noche a la fiesta, enseguida se encontraron con otras amigas y amigos que ya conocían, pero desde que entró a la Sala de Fiestas, Estrella había sentido que alguien la miraba, pero en la semi oscuridad de la sala (era la época en que  en las Salas de Fiesta se ponía Luz Negra, que oscurecía el recinto, pero hacía resaltar el color blanco de la ropa y de los dientes) no lograba detectar de dónde venía esa sensación, meneó la cabeza como para despejar de su mente, estos pensamientos y siguió conversando a gusto con todos, hasta que empezaron a poner la música, y poco a poco las chicas fueron reclamadas para bailar, pero a Estrella no la había sacado nadie, así que ella se disponía a buscar un refresco, cuando alguien se acercó y le dijo:

- Eres tu la Estrella de este recinto?- decir que Estrella casi se cae sentada de un golpe, fue poco- 
-Me llamo Estrella sí, y tú?- casi se atraganta, jamás en su vida había conocido a un chico que fuera capaz de sonreír con la mirada y tenía además una hermosa sonrisa-
- Miguel-y tendiéndole la mano la invitó a bailar...

Estrella no se dio cuenta del paso del tiempo, conversaron y bailaron por un buen rato, y cuando empezó a hacer calor debido a la cantidad de chicos y chicas que había, salieron a la terraza a tomar algo de aire fresco.

Hablaron sin parar, él estaba terminando el bachillerato y entraría en la Universidad a estudiar Ingeniería, y ella lo vio como si no lo hubiera visto hacía ya más de dos horas, tenía tal encanto, y sus ojos relucían al contar sus sueños, que Estrella lo miraba embelesada y a Miguel le gustó esa expresión entre candorosa y sencilla de esta chica que era tan hermosa y que no se daba cuenta. La había observado al llegar a la fiesta, era de su grupo la más alta, pero le contaron que era deportista, asi que se imaginó que no sólo los genes eran culpables de ello, sino también el deporte que practicaba. Le preguntó sobre ella, dónde estudiaba, qué quería hacer.Y pasaron sin darse cuenta, casi toda la velada juntos. Las amigas de Estrella se reían entre ellas, pues conocían la fama de Miguel, pero también se preocupaban por Estrella, porque era la más cándida de todas, así que armadas de valor, y previniéndose entre ellas, por la miradas que Miguel les podía lanzar, se resolvieron en salir al rescate de la más pequeña. y así llegaron hasta donde estaban sentados hablando. Al llegar notaron sin caber a dudas, por la mirada de Estrella que le habían lanzado el más descarado flechazo de amor, y que este cupido tan famoso había que cuidarlo, pues Estrella era muy cándida, y aunque él era buena gente, no querían que su amiga sufriera, no estaba preparada, siempre había sido la protegida de todas, por su candidez, por su nobleza de carácter y por bondadoso corazón.

Miguel al verlas en tropel llegar hasta ellas, las saludó y amablemente se despidió de todas, dándole a Estrella un suave apretón de manos... y Estrella enrojeció hasta la raíz de sus cabellos... pero claro la chicas no iban a dejar pasar la oportunidad de embromar a su amiga, asi que a un gesto de la mayor, empezaron a hacerle preguntas, a las cuales Estrella respondía como podía, pero todavía seguía con la mirada a ese joven que había cambiado para siempre el curso de su vida, sin ella saberlo...

A las doce como un reloj inglés llegó el papá de Estrella a buscar a las chicas, que se fueron despidiendo de los chicos y chicas que encontraban en el camino, y por último de Miguel, que le preguntó a Estrella cuándo volverían a verse. Ella no sabía qué responder y Amelia, la mayor dijo, mañana vamos a misa de once en La Chiquinquirá, si quieres vienes y nos acompañas... Miguel tosió... no era esa la imagen que tenía en mente, pero asintió y después de despedirse, entró de nuevo a la fiesta.

Estrella y Miguel se verían durante unos dos años, en muchas ocasiones, pero nunca tuvieron la oportunidad de volver a conversar como aquella primera vez. Nunca supo si fue el destino, o la acción combinada de las amigas, el entorno, o la vida misma, que los fue poniendo en aceras o planos diferentes. Pero llegó el día en que en una reunión del grupo, que ya eran como unos 25 entre chicos y chicas, Miguel apareció con una chica a la que presentó como su novia... Todas miraron a Estrella, como si las hubiera tocado un resorte, Estrella, tenía la mirada congelada, solo miraba al vacío, pero en fracciones de segundos, se repuso, miró hacia los recién llegados y saludó con afecto a la chica recién llegada. Nunca más volvió a pensar en Miguel de otra forma que no fuera como pareja de Alma, la que sería después su esposa. Y en su fuero interno, aunque fue su primer amor no correspondido, le dio siempre Gracias a Dios, de que él no se enteró que ella existía, siempre fue amable, gentil y caballeroso, y así Estrella ha guardado ese recuerdo.

Sus vidas tuvieron rumbos diferentes, diametralmente opuestos, pero recuerda con cariño aquella juventud ligada a esos hermosos ojos sonrientes. Han transcurrido 45 años, y espera de todo corazón que haya sido y sea muy feliz. Ella lo ha sido.

Lo hermoso de soñar, de haber vivido un sueño en la piel, es que siempre nos deja algo para el recuerdo, ojalá todos tengan un hermoso recuerdo de la juventud, de ese primer amor, correspondido o no, yo lo tengo, y como Estrella, agradezco de todo corazón al chico que lo impulsó. 

Que Dios te bendiga amigo donde quiera que estés.


Mireya Pérez.




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